viernes, 21 de agosto de 2009

Autor

Santiago, 20-08-2009

El lector busca al autor, le necesita. No se contenta con el anónimo, no puede. Precisa ponerle cara al culpable del texto. Para coronarlo, bien con laurel, bien con espinas. El lector se siente indefenso, solo: sin autor el texto es un abismo inefable, insondable. El lector crea al autor (y, por tanto, al texto) sólo porque es incapaz de asumir su soledad.

Anónimo

1 comentario:

  1. http://www.youtube.com/watch?v=nMFLct2laqw

    miralo como sea... o sea... si esto no copia directamente copialo copiando como te enseñaron a copiar, te acuerdas de cuando copiabamos?

    carlos

    ResponderEliminar