Santiago, 29-07-2009
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Don Pedro es muy majo. Trabaja de portero en el edificio en el que vivo. Y me habla. Me gusta que me hable. En realidad, me encanta su conversación.
El hombre tiene sus cincuenta, su ciática y su mujer. Compra los cigarros de uno en uno. Y no ha necesitado salir de Chile para conocer el mundo.
Me invitó a “carretear”. A tomar un “terremoto” y no repetir. A saborear la comida de “La facultad”. También me apremió para que mirara los Andes desde la terraza de nuestro edificio. Y me presentó a Gabriela Mistral.
Don Pedro aún no lo sabe, pero es todo un poeta de lo cotidiano. Hoy no conversé con él porque tenía el día libre. Por eso mismo, le echo en falta.
El hombre tiene sus cincuenta, su ciática y su mujer. Compra los cigarros de uno en uno. Y no ha necesitado salir de Chile para conocer el mundo.
Me invitó a “carretear”. A tomar un “terremoto” y no repetir. A saborear la comida de “La facultad”. También me apremió para que mirara los Andes desde la terraza de nuestro edificio. Y me presentó a Gabriela Mistral.
Don Pedro aún no lo sabe, pero es todo un poeta de lo cotidiano. Hoy no conversé con él porque tenía el día libre. Por eso mismo, le echo en falta.
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Sindbad__
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