Albatera, 23-07-2009
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La anécdota es la siguiente:
Me he sentado sobre el asfalto quemado de la carretera general. Al medio día, descalzo, sin camiseta. Apenas ha sido un minuto. Han pasado tres coches, un camión y una chica con perro. Sigo vivo.
Y triste. Porque el conductor del primer coche me miró, redujo la velocidad, se apartó y siguió su camino. Porque lo mismo hicieron los conductores del segundo y el tercer coche. Y porque algo parecido hizo el conductor del camión.
Me entristece ya que sólo necesitaba una mano que me ayudara a levantarme. Pero nadie paró, apenas me miraron curiosos. Y continuaron circulando. Seguramente me habré convertido en la penúltima anécdota que contar al llegar a casa: un loco, poco más. Pero no, la anécdota también es otra.
Y al menos, el perro ladró.
De camino a Chile,
Sindbad__
PD. Bienvenidos al blog.
Me he sentado sobre el asfalto quemado de la carretera general. Al medio día, descalzo, sin camiseta. Apenas ha sido un minuto. Han pasado tres coches, un camión y una chica con perro. Sigo vivo.
Y triste. Porque el conductor del primer coche me miró, redujo la velocidad, se apartó y siguió su camino. Porque lo mismo hicieron los conductores del segundo y el tercer coche. Y porque algo parecido hizo el conductor del camión.
Me entristece ya que sólo necesitaba una mano que me ayudara a levantarme. Pero nadie paró, apenas me miraron curiosos. Y continuaron circulando. Seguramente me habré convertido en la penúltima anécdota que contar al llegar a casa: un loco, poco más. Pero no, la anécdota también es otra.
Y al menos, el perro ladró.
De camino a Chile,
Sindbad__
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